Otra
vez apagué el despertador. Ese odioso '¡Griselda!' matutino no sonó. Mamá está
trabajando. Sonó
el timbre.
-¿Quién?
-¡Hola,
Gris! ¡Soy yo!
-Definitivamente,
la duda es cuál de los 6 mil millones de yos toca.
-Jaja,
ya abre Gris, soy yo.
-No,
no te abro, Gabriel.
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-Grosera
esta. Ven y dame un abrazo.
-¿Cómo
está mi yo consentido?
-Ah...
Me quedé sin chamba de los sábados...
-¡Cómo
crees!
-Sí,
vengo a invitarte el último helado que te invitaré hasta conseguir trabajo de
sábado.
-Es
como si me dijeras que soy la de los sábados.
-No,
nena, eres la de diario, nomás que te haces del rogar.
-Nena...
-Oh,
tu dame un beso.
-¿Helado
de donde?
-Mi
beso...
-Me
gustan los de La Michoacana de junto al mercado.
-¿Apoco
también venden besos? ¿Eso no cuenta como prostitución? Jaja.
-¿Vamos
o no?
-Sï,
vamos...
Caminando despacio
aprovechamos el tiempo para platicar más relajadamente. Ese Gabriel... Hace que
se me olvide que odio no poner el despertador.
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