Desperté con prisa, pero sin abandonar mi habitual primer pensamiento matutino: tú. Tenía que levantarme temprano. El despertador no sonó, pero como bien sabes, mi querido lector, no es cosa extraña en mis mañanas. Rápidamente me metí a bañar. Era tan temprano que no había luz todavía, pero también eso es normal. Me arreglé y me puse rimel, por aquello de las dudas. Nunca se me ocurrió ver el reloj.
Era hora y media más temprano. Bañada, vestida y maquillada, decidí sentarme cómodamente en el sofá y tomar una siesta.
Soñé contigo, pero no supe que era un sueño hasta que al final abrí los ojos.
Tocaste a mi puerta y me despertaste. Me asomé y vi que eras tú. Abrí y entraste, pero te sentaste lejos de mi en el sofá, porque yo estiré las piernas, no podías acercarte más. Te habías cortado el cabello, así como me gusta.
-Vengo a platicar... Ya sé qué hacer, las cosas son diferentes ahora.
Luego moviste mis piernas y te sentaste más cerca. Entonces te abracé.
-Tu cabello...
-Lo sé...
-Estaba dormida. Medio dormida hablo de más.
-Afortunadamente.
Entonces sonó la segunda alarma. La que me obligaba a salir a tiempo. Ya había luz, y hasta ahorita, para mi, se siente real. Fuiste a verme en la mañana.
Pero como mi anticipado despertar, el momento de que llegues a mi casa una mañana, sin avisar, sabiendo qué hacer y siendo las cosas diferentes, todavía no es. Not the right moment yet.
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